Durante casi cinco décadas, este terreno ha sido el epicentro del béisbol en el casco urbano de Achuapa. Su historia ahora la cuentan de quienes crecieron jugando aquí.
Achuapa es un pueblo que se puede recorrer sin prisa. La iglesia, la terminal, el parque y los principales puntos del casco urbano quedan a pocos minutos unos de otros. En medio de esa escala cercana, el estadio Viejas Glorias del Béisbol ocupa un lugar que es mucho más grande que su infraestructura: durante casi cinco décadas ha sido el punto de encuentro del béisbol achuapeño.
El estadio que hoy tiene graderías, fachada, dogouts, barda, electricidad, baños y agua potable comenzó siendo un terreno mucho más elemental. En la década de 1990 todavía era un cuadro irregular en el que la propia vegetación formaba parte del escenario. Un arbol de guanacaste cerca de la tercera base daba refugio al equipo visitante. Por el lado de primera, una fila de caraos servía para alojar al home club. En los jardines, las piñuelas hacían de barda, con árboles de naranja y bambú detrás. Dentro del terreno todavía sobrevivían varios palos de guayaba.
Lo que no necesitaba construcción era la relación de Achuapa con el juego. El béisbol ya estaba allí.
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Templos del Béisbol de Nicaragua — Temporada 1, episodio 6. Duración: 20:07.
Un pueblo entre León y Las Segovias
Achuapa se encuentra al norte del departamento de León. Aunque administrativamente pertenece a León, su geografía y su historia también la conectan con Las Segovias. Desde el municipio resulta más cercano viajar hacia ciudades del norte como Estelí, Ocotal o Somoto que llegar a la propia cabecera departamental. Esa posición se siente incluso en la manera de hablar: una mezcla que no termina de sonar enteramente leonesa ni completamente norteña.
Durante generaciones, la agricultura y la ganadería sostuvieron buena parte de la economía municipal. La mejora de la conectividad vial con San Juan de Limay, El Sauce, Estelí y Villanueva ha favorecido también el crecimiento del comercio. Pero entre todos esos cambios, el béisbol continúa siendo uno de los principales lenguajes compartidos por la comunidad.
De árboles a graderías
La transformación del Viejas Glorias puede leerse como una historia material del béisbol local. El terreno conserva la amplitud de aquellos cuadros rurales, pero ahora cuenta con instalaciones que permiten recibir competiciones y públicos mayores. Según lo documentado durante la visita, el jardín alcanza aproximadamente 362 pies en su zona más profunda, una dimensión considerable incluso frente a estadios tradicionales del país.
Las obras se fueron incorporando por etapas: primero las graderías y parte de la barda; después los dogouts, el sistema de agua, la fachada y el monumento de la entrada. La aspiración expresada por las autoridades deportivas locales es continuar mejorando el terreno, los asientos, la protección de las bardas y otras condiciones exigidas para que algún día pueda disputarse aquí un partido de primera división.
Familias con tradicion beisbolera
En la familia Figueroa Gontol, hablar de béisbol es hablar de varias generaciones. David recuerda que a su padre se le atribuye haber llevado el juego a Achuapa. Su tío Casimiro representó a Honduras en el Mundial de 1972 y, por la familia materna, Rodolfo Gontol Zamora representó a Nicaragua en competiciones realizadas en México.
Ese entorno familiar convirtió el deporte en una forma de vida. David también ejerció como profesor de educación física en el Colegio San Sebastián y en el Instituto Rodolfo Reyes Toruño. Para él, la elección del béisbol no fue un acontecimiento aislado, sino la continuidad de una historia familiar.
En 1988, cuando tenía 19 años, fue inscrito con los Cachorros de la Segovia. Las reglas de la competencia obligaban entonces a los equipos de primera división a mantener jugadores menores de 20 años en su plantel y en el terreno. David aprovechó aquella oportunidad y vistió el número siete.
Después llegaron otros achuapeños a la primera división. En la entrevista recuerda a Cristian Hernández y menciona a jugadores posteriores procedentes de comunidades del municipio. También enumera una larga generación de peloteros con talento suficiente para jugar en el máximo nivel, aunque algunos no quisieron o no pudieron seguir ese camino.
Entre los nombres que conserva están Francisco Javier Martínez; su hermano Filemón Martínez; Luis Ignacio Martínez; Carlos Ruiz; Nelson Ross Ruiz; Pablo Silva, de la comunidad La Guaruma; Manuel Gontol; Leonardo Arcia; y los hermanos Rocha. Esta lista no funciona solamente como registro deportivo: es una parte de la memoria oral del béisbol achuapeño.
Sembrar jugadores para dentro de cinco años
La historia del estadio no se limita a recordar a quienes ya jugaron. Achuapa mantiene categorías que van desde las ligas infantiles hasta la categoría mayor. Durante la entrevista, David explica que la estrategia no está pensada únicamente para la próxima temporada: el horizonte es formar jugadores que puedan elevar el nivel del municipio dentro de cinco años.
Los resultados recientes de las categorías infantiles y mayores son presentados como señales de ese proceso. Más allá de posiciones y campeonatos, la amplitud del movimiento deportivo resulta significativa: según Figueroa, las distintas actividades pueden reunir a cerca de 600 atletas.
Cada jornada también moviliza a personas que no entran al terreno. Alrededor de los partidos aparecen quienes venden refrescos, quesillos, carne asada, enchiladas y otros productos. El béisbol se convierte así en recreación, encuentro comunitario y una pequeña corriente de actividad económica local.

